Los madrileños mantenemos de antiguo una relación de amor y odio con la Sierra. El segundo país más montañoso de Europa después de Suiza, repetimos desde la escuela primaria, unas veces con orgullo, otras con desdén. La capital no puede escapar de la visión de los colosos de granito. En cuanto se hace amago de abandonar la urbe por la calle de la Princesa, asoman los Siete Picos que nos han tenido en vilo los últimos tres días.
Calle de los Caños Viejos
Va de la calle de Bailén a la de la Morería. Antiguamente subía desde la calle de Segovia hasta la plaza de la Morería, por lo que recibía el nombre de Cuesta de los Caños Viejos. La periodista e investigadora madrileña Isabel Gea nos dice que en sus principios se llamo calle Merlo, en honor a San Isidro, cuyos apellidos se supone que eran Merlo y Quintana.
Fuente de Cabestreros o de los Machos
Junto con la de la Cuesta de los Ciegos y alguna de la Casa de Campo, son las únicas fuentes de la II República que han logrado llegar a nuestros días. Ésta en cuestión, quizás, por el abandono que siempre ha sufrido el barrio de Lavapiés (Avapiés).
Aunque en principio manaba su liquido elemento del viaje de agua del Abroñigal Bajo, actualmente de sus grifos brota la del Canal de Isabel II.
50 años del viaje del Apolo 11 (VIII): la competición espacial previa a la creación de la NASA
Tanto el gobierno de la URSS como el de los Estados Unidos aceleraron sus programas espaciales con el fin de tener un satélite artificial listo para el Año Geofísico Internacional. Para los rusos, además, el año 1957 era de gran valor simbólico, pues se celebraban cuatro décadas desde la revolución que había llevado a los comunistas al poder.
50 años del viaje del Apolo 11 (VII): de la Segunda Guerra Mundial al Sputnik 1
La guerra de 1939-1945 supuso el despegue definitivo de la tecnología de cohetes de combustible líquido. El país que más maestría alcanzó en su desarrollo fue la Alemania nazi, con el equipo de la antigua VfR trabajando en el polígono de Peenemünde, en el Báltico.