La historia de la Casa de la Moneda en Madrid es fascinante. Madrid, como capital del reino español, alcanzó el privilegio de acuñar moneda, que ya tenían, entre otras, ciudades como Burgos, Segovia, Sevilla o Toledo. Aunque hubo intentos anteriores que, o bien fracasaron o duraron poco tiempo, Felipe III consiguió establecer una ceca definitiva en Madrid. Desde entonces, varias han sido las sedes que la Casa de la Moneda tuvo en Madrid.
Historia de Madrid
Madrid tiene una rica y fascinante historia que abarca más de mil años. Desde su fundación islámica en el siglo IX, cuando el emir de Córdoba, Muhammad I, ordenó la construcción de una fortaleza que daría origen a la ciudad, hasta la actualidad, han sucedido innumerables episodios históricos que han marcado su desarrollo y evolución.
A lo largo de los siglos, Madrid ha sido testigo de grandes transformaciones, desde su paso por el dominio musulmán, hasta ser elegida como la capital de España en el siglo XVI por Felipe II, lo que inició una etapa de esplendor para la ciudad. A lo largo de su historia, Madrid ha sido escenario de importantes momentos políticos, culturales y sociales que la han convertido en el corazón del país.
Desde las revueltas del siglo XVII, pasando por la Guerra de Independencia contra las tropas napoleónicas, hasta los movimientos sociales del siglo XX, cada uno de estos episodios ha dejado su huella en los monumentos, calles y tradiciones de la ciudad. Madrid ha sido una ciudad de contrastes y cambios constantes, y su historia continúa escribiéndose hoy en día, con cada nuevo evento y desarrollo que da forma a su identidad.
Madrid, una Historia de bigotes (y XXI): Cuando vino Eisenhower
Uno de los acontecimientos que llevaron a Francisco Franco de ser uno de tantos espadones de la historia de España a ser el espadón de reinado más largo, solo superado en longevidad en Europa por el régimen que montó en Portugal Oliveira Salazar (y que continuó brevemente en manos de Marcelo Caetano), fue la muerte en 1945 de Franklin Delano Roosevelt, cuando ya no faltaba prácticamente nada para poner fin a la Segunda Guerra Mundial.
Madrid, una Historia de bigotes (XX): El franquismo autárquico
Ya don Manuel Azaña veía con escepticismo que en España pudiera asentarse un fascismo 100% equivalente al italiano o al alemán. Más bien veía que podría venir “una dictadura militar y eclesiástica de tipo tradicional”, con sables, casullas, desfiles castrenses y homenajes a la Virgen del Pilar. Un fascista de verdad, José Antonio Primo de Rivera, también temía que su Falange pudiera acabar convertida en mero “acompañamiento coreográfico” para que volvieran a tomar las riendas de España los mismos de siempre.
Madrid, una Historia de bigotes (XIX): Bajo las bombas
Todavía a día de hoy se suele criticar a los cineastas con el argumento de que hacen demasiadas películas sobre la Guerra Civil Española. ¿Qué otro acontecimiento de nuestra historia puede ser más trasladable al Séptimo Arte?. Un país que llevaba más de un siglo desempeñando un papel muy periférico y muy secundario en Europa, de un día para otro pasó a ser, allá por 1936, el foco de la atención mundial, como lo fue Vietnam en 1970 o lo fue Irak en 1991 y 2003, o Siria en 2015. Nadie con dos dedos de frente en los Estados Unidos critica a sus directores de cine por hacer tantas películas sobre su guerra civil de 1861, pues ahí están muchos de los cimientos de la América de hoy, tanto con sus virtudes como con sus defectos. En Madrid todo el mundo sabe perfectamente que, entre 1936 y 1939, “hubo una guerra”, pero muchos de los detalles de aquel asedio darían, incluso hoy, materia para seguir sacando de ellos películas, novelas y cualesquiera otras manifestaciones artísticas.
Madrid, una Historia de bigotes (XVIII): La Segunda República
El 12 de abril de 1931 se celebraron elecciones municipales en España. A pesar del carácter local de estos comicios, el desprestigio al que había llegado la monarquía de Alfonso XIII, al que no se le perdonaba haber tolerado la dictadura finiquitada en 1930, hizo que las elecciones fueran en realidad un plebiscito sobre el modelo de Estado, con candidatos monárquicos y candidatos republicanos. El 14 de abril, el triunfo de estos últimos en Madrid y en la España urbana en general, llevó a la proclamación de un nuevo régimen, que duró hasta 1936 en paz y hasta 1939 en guerra.