Madrid a vista de niño fue, sin duda, uno de nuestros proyectos favoritos. La idea era sencilla: dedicar un número íntegramente a cómo ven Madrid los niños, sin filtros de adulto, sin correcciones. Los participantes fueron alumnos de quinto de primaria que se volcaron en el proyecto con unas ganas y una ilusión que contagiaban, y cuyos dibujos y trabajos nos alegraron muchísimo y nos sacaron más de una sonrisa.
Por desgracia, el proyecto no ha tenido continuidad. No hemos logrado despertar el interés de otros colegios para sumarse, y eso nos da pena, porque creemos que hay mucho más Madrid infantil por descubrir. Si conoces algún centro que pudiera estar interesado en participar en una nueva entrega, escríbenos, estaremos encantados de retomarlo.
Y una mención especial, muy merecida, para Vireta, ilustradora y diseñadora gráfica, a quien debemos la preciosa portada que luce este número.
Antes de facilitar el enlace de descarga, reproducimos las palabras de dos colaboradores habituales de la revista que, tras leer este número, han querido compartir su parecer.
Exordio
por el gato Vargas

Mis amigos de La Gatera de la Villa, variopinta gaceta que hace las delicias de todos cuantos aman esta noble y leal villa con sus amenas y eruditas publicaciones, graciosamente aderezadas de coloridas y bellas ilustraciones, me hacen el gran honor de solicitarme unas breves palabras que, a guisa de preámbulo, sean la puerta de entrada a este suplemento especial que, con motivo de su número diez, han dado a nacer. Hállase conformado este cuaderno en su integridad por dibujos, manualidades y textos realizados por infantes de diez años, que más semeja exquisita colección de estampas y curiosidades que versada crónica de la villa, y no por ello de menor mérito, que la mirada fresca e inocente de los niños descubre a veces lo que al ojo avezado del erudito se le escapa. Bien podría hallarse algún nuevo Apeles entre estos muchachos que tal industria han mostrado en ilustrar diversos aspectos de Madrid, pues cosa sabida es que esta villa siempre ha sido patria de buenos pintores, y que ha sabido acoger a los que por cuna tuvieron otro origen como si fueran propios, sin distingos ni diferencias de trato. Tales son los casos de D. Alonso Sánchez Coello, de D. Juan Pantoja de la Cruz, del gran Dominico Theotocópuli, el Greco, o de mi amigo D. Diego de Velázquez, entre otros muchos y esforzados artistas que con sus lienzos y pinceles alcanzaron la inmortalidad, a quienes la Fama ha dado justa y merecida gloria. Me hubiera gustado extenderme un punto más sobre esta cuestión de Madrid y la pintura, que no es cuestión baladí sino digna de estudio y merecería tratado aparte, mas mi buen amigo Ramón, el león de la Fuentecilla, de noble prosapia y versado cronista madrileño, me reclama por aspavientos y diversos gestos su turno de palabra. Tace, Vargas, nam vir sapiens pauca loquitur...
Es sordio (¿Qué?...Se dice así, ¿no?)
por Ramón, el león de la Fuentecilla

Pos' eso. Gracias, estimao señor Vargas. Yo tampoco me estenderé en demasía y me comprimiré para no cansar a nuestros leztores, que seguro que están deseando ver ya los dibujos tan preciosos han hecho estos críos, que dibujan fetén y oigan, lo dice uno que tié ojo pa’ estas cuestiones y disquiziciones, aunque así en un aparte entre ustés y yo, les diré que tengo una espinita clavá en el corazón, y ejque ninguno me haya pintao a mí. Y no será porque uno no luce buena percha, oigan, aunque me esté feo el decirlo, que me se antoja que mi gesto es lo de más distinguío y pintiparao allá arriba en to' lo alto de La Fuentecilla. Así que si por un suponer el año que viene mis amigos de La Gatera repiten la experiencia pictórica, a ver si alguien se acuerda de mí.
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