Maslama al-Mayriti: el científico andalusí nacido en Madrid

Maslama al-Mayriti: el primer madrileño destacado en la historia

Maslama al-Mayriti, fue un matemático, astrónomo y astrólogo andalusí. Nació a mediados del siglo X en Mayrit (la actual Madrid), de ahí su nisba o gentilicio, al-Mayriti, que significa el madrileño. Siendo muy joven marchó a Córdoba, donde estudió con reputados maestros matemáticas, geometría y astrología. Fue en la capital del califato donde llevó a cabo su trabajo e investigaciones, consolidándose como una figura clave en el avance de la ciencia medieval.

El legado científico de Maslama al-Mayriti

Las contribuciones científicas de Maslama al-Mayriti, en una época en la que comerciantes y navegantes dependían de las estrellas para guiar sus travesías y calcular las distancias, no solo hicieron posible que pudieran emprender sus viajes con mayor seguridad y precisión, impulsando así el comercio, sino que también favorecieron el intercambio de ideas y conocimientos entre distintos territorios, promoviendo el desarrollo de la ciencia y la cultura.

Terracota que representa una puerta de arco de herradura, flanqueda por dos torres. Por su aspecto descuidado, parece que pudo ser usada como juguete. Yacimiento Casa de San Isidro, Madrid. Siglo XI
Terracota que representa una puerta de arco de herradura, flanqueda por dos torres. Por su aspecto descuidado, parece que pudo ser usada como juguete.

Yacimiento: Casa de San Isidro, Madrid. Siglo XI Museo Arqueológico y Paleontológico de la Comunidad de Madrid

El Zīj al-Majrīṭī

Una de las principales aportaciones de Maslama al-Mayriti fue su trabajo en las tablas astronómicas del Zīj al-Majrīṭī. En este proyecto, adaptó las tablas de Al-Juarizmi  y Al-al-Battānī para ajustarlas a las observaciones realizadas en Córdoba y otras ciudades del califato. Modificó varios parámetros y constantes astronómicas, y sustituyó algunas tablas, a la vez que incluyó otras nuevas, lo que mejoró la precisión de los cálculos. Las tablas de al-Mayriti no solo fueron empleadas en Al-Ándalus, sino que también tuvieron una gran difusión en los países cristianos gracias a las traducciones al latín realizadas por eruditos como Adelardo de Bath

Estudios en astronomía esférica

Otro aspecto clave del legado de Maslama al-Mayriti fue su valiosa contribución al desarrollo de la astronomía esférica, disciplina que estudia el movimiento de los cuerpos celestes sobre una esfera imaginaria, permitiendo representar con precisión las trayectorias de los astros. Al-Mayriti utilizó este modelo para mejorar la exactitud de las observaciones astronómicas, lo que permitió calcular con mayor precisión las posiciones de los astros y las fechas de los eventos celestes, una herramienta crucial para la navegación y la planificación de actividades comerciales y científicas.

El astrolabio

Astrolabio. Siglo X
Astrolabio de al-Sahlî, del siglo XI (M.A.N., Madrid).

Fotografía de Ángel M. Felicísimo – Astrolabio, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=46444536

El astrolabio, inventando en Grecia entre los siglos III y II a.C.,  es un instrumento que se empleaba para medir la posición y altura de los astros -datos con lo que se determinan la hora y la latitud- así como obtener distancias mediante triangulación. En su Tratado del Astrolabio, al-Mayriti indica las bases matemáticas y geométricas para construir dicho instrumento e incluye una tabla de estrellas fijas con sus  coordenadas para facilitar su uso.

Maslama al-Mayriti y la astrología

Maslama al Mayriti

En Al-Ándalus la astrología, que fusionaba la astronomía con la interpretación de los eventos terrenales, gozaba de gran relevancia. Almanzor recurrió a Maslama al-Mayriti como consejero astrológico, confiando en sus conocimientos para interpretar los cielos y guiar su gobierno. Entre sus predicciones destaca la de la fragmentación del Califato de Córdoba, basada en el estudio de una conjunción de Saturno y Júpiter en Virgo.

Maslama al-Mayriti en el callejero madrileño

El 29 de marzo de 1985, el Ayuntamiento de Madrid aprobó el cambio de nombre de la antigua Plaza de los Granados, en el distrito de Chamartín, a Plaza de Maslama. Posteriormente, el 9 de mayo de 2019, la plaza sufrió una nueva modificación en su nomenclatura, pasando a denominarse Plaza Maslama al-Mairity, nombre que conserva en la actualidad.

Plaza de Maslama Al-Mayriti

El planeta extrasolar Majriti

El exoplaneta Majriti, que orbita la estrella Titawin en la constelación de Andrómeda, recibió su nombre en homenaje a Maslama al-Mayriti. Esta denominación formó parte del proyecto NameExoWorlds, una iniciativa de la Unión Astronómica Internacional (IAU) lanzada en 2015, cuyo objetivo es involucrar al público global en el proceso de nombrar exoplanetas y sus estrellas anfitrionas. A través de este proyecto, personas de todo el mundo pudieron votar y proponer nombres, promoviendo así la participación y el interés en la astronomía.

Recreación fantasiosa del planeta Majriti

Conclusión: el legado de Maslama al-Mayriti

Maslama al-Mayriti falleció en Córdoba entre 1007-1008, dejando tras de sí una influyente escuela de matemáticos y astrónomos, cuyos discípulos continuaron su legado y difundieron su obra.

A modo de epitafio recogemos las palabras que sobre él dijo el cadí toledano Wid al-Andalusi: «fue el primero de los matemáticos de su tiempo en al-Andalus y el más sabio en la ciencia de las esferas celestes y los movimientos de las estrellas sin que hubiera nadie antes que él» [1] .

Recreación libre de Córdoba en el siglo XI

Los trabajos de Maslama fueron el fruto de la rica tradición intelectual de Al-Ándalus, un centro de conocimiento que durante siglos actuó como puente entre la tradición greco-romana, el saber islámico y las influencias persa e india. Sus contribuciones a la astronomía y las matemáticas fueron cruciales para el avance de la ciencia medieval y trascendieron las fronteras de Al-Ándalus, llegando al Occidente europeo, donde sus obras fueron traducidas y utilizadas ampliamente en las universidades medievales.

Notas

[1] Sa’id al-Andalusi. (2000). Historia de la filosofía y de las ciencias o Libro de las categorías de las naciones [Kitāb ṭabaqāt al-umam] (E. Llavero Ruiz, Trad.). Ed. Trotta. (Original publicado en 2000). Citado en Doce siglos de materialidad del libro: estudios sobre manuscritos e impresos entre los siglos VIII y XIX (2017). Italia: Prensas de la Universidad de Zaragoza.

Bibliografía

  1. Maslama al-Mayriti. Real Academia de la Historia.
  2. Vernet, Juan. Al-Majrītī Abu ’L-Qāsim Maslama Ibn Aḥmad Al-Faraḍī. Complete Dictionary of Scientific Biography. encyclopedia.com.
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La Gatera de la Villa nº 55

¿Alguna vez habéis imaginado a una moza de cámara casándose con el madrileño más destacado de su tiempo y convirtiéndose en una rica aristócrata de la corte de los Reyes Católicos? Pues, sorprendentemente, esa historia es real. Si queréis descubrir quién fue esta fascinante mujer y adentraros en su historia, no podéis perderos este número de La Gatera. Además, entre sus páginas encontraréis otros artículos igualmente interesantes, como, por ejemplo, los relojes de sol de la ermita de Carabanchel y la historia de una de las calles más emblemáticas de Madrid: Bravo Murillo. Y por si fuera poco, estrenamos nueva sección: el Gato escribano.

Todo ésto y más en este número  que puedes descargar  pinchando aquí. También es posible descargarlo en baja resolución [5 Mb] pinchando en este otro enlace.

Contenido

    • EDITORIAL: Eso no se hace, ¡caca!
    • JOSÉ MANUEL CASTELLANOS OÑATE: Antiguía legendaria de Madrid (IV): Beatriz Galindo, mito y carácter de una “moza de cámara”.
    • ESPERANZA REDONDO MORALES / FELO DE ANDRÉS GALVÁN: Guardianes del tiempo: Relojes de sol en la ermita de Carabanchel.
    • LA GATERA DE LA VILLA: Nos entrevistan en Déjate de Historias TV.
    • JOSÉ MANUEL LÓPEZ MARAÑÓN: “Madrid, el viaje soñado”, de Paula Lapido.
    • ANA GARCÍA ARANDA: Entrevista a Sandra Aza.
    • JUAN PEDRO ESTEVE GARCÍA: Una calle de cambios, la de Bravo Murillo.
    • JUAN PEDRO ESTEVE GARCÍA: Radio Oeste, voz de Pozuelo de Alarcón en los años 80 del siglo XX.
    • MARIO SÁNCHEZ CACHERO: El Madrid de anteayer… Un aparcamiento en la Plaza Mayor.
    • GATÓN DE ORO: Pasatiempos gatunos.
    • JOSÉ MANUEL CASTELLANOS OÑATE: El Gato escribano: Carta de soldada (1535).
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Cuando en Madrid llovió por más de dos meses seguidos

Desde el 29 de octubre de 1434 hasta el 7 de enero de 1435, un periodo de lluvias intensas y constantes, acompañadas de tormentas de nieve, azotó Madrid. Los caminos se volvieron intransitables, lo que dificultó el transporte de alimentos y otros recursos esenciales, y los molinos quedaron fuera de servicio, lo que impidió la producción de harina y pan, esenciales para la alimentación diaria.  Este fenómeno afectó de manera generalizada a toda Castilla, y en algunas áreas las malas condiciones se extendieron hasta el 25 de marzo de 1435.

La escasez alimentaria alcanzó niveles extremos. Durante más de 40 días, la población se vio forzada a subsistir casi exclusivamente con trigo cocido, ya que no se disponía de otros alimentos frescos ni básicos. Este fenómeno de carestía desbordó la capacidad de la población para hacer frente a la situación, causando una grave escasez de alimentos y un incremento desmesurado de los precios. La falta de alimentos generó una crisis de hambre, malnutrición y enfermedades asociadas, lo que resultó en un notable aumento de la mortalidad. La tensión social también creció a medida que los recursos escaseaban y la población sufría bajo condiciones extremas.

La destrucción de infraestructuras clave, que no podían ser reparadas debido a las malas condiciones climáticas, dificultó la comunicación entre las localidades, agravando aún más la situación de aislamiento que padecieron muchas zonas de Castilla.

Anales de Madrid hasta el año de 1658. León Pinelo. Detalle
Detalle de los Anales de Pinelo donde se menciona este episodio.

 

Además, estas condiciones meteorológicas extremas provocaron la pérdida masiva de ganado, un recurso esencial en la economía rural medieval, tanto para la producción alimentaria como para el transporte. Esta pérdida agravó aún más la escasez de alimentos y recursos, intensificando la crisis ya existente.

Este desastre pone de manifiesto la fragilidad del sistema feudal y de subsistencia de la época, profundamente dependiente de la agricultura, el comercio local y el ganado. Las catástrofes naturales, como las lluvias intensas o las olas de frío, podían interrumpir por completo la cadena de producción y distribución de alimentos, sumiendo a las poblaciones en situaciones de extrema penuria. En este contexto, la capacidad de recuperación de las comunidades era limitada, lo que prolongó la miseria durante mucho tiempo y dejó una huella profunda en la memoria colectiva de las generaciones futuras.

Bibliografía

  • Pinelo, León. «Anales de Madrid hasta el año de 1658.» [Manuscrito]. Biblioteca Nacional de España.

Imágenes

  • La imagen de portada se ha extraído de «Madrid, territorio medieval», editado por la Comunidad de Madrid en 2001.
  • La imágenes de las páginas se han extraído de «Anales de Madrid hasta el año de 1658.» [Manuscrito].
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El motín de Aranjuez

El Motín de Aranjuez, ocurrido entre el 17 y el 19 de marzo de 1808, es uno de esos episodios en la historia de España que marcan un antes y un después. Este levantamiento, que tuvo lugar en un contexto de crisis política y social durante el reinado de Carlos IV, no solo supuso un traspaso de la corona entre padre e hijo, sino que también marcó el inicio de una serie de acontecimientos que culminarían en la Guerra de Independencia Española.

Contexto: un país en crisis

Para entender el Motín, es necesario conocer el ambiente de tensión que se vivía en España durante esos años. El país estaba sumido en una profunda crisis, tanto interna como externa. En el centro de todo estaba Manuel Godoy, favorito de Carlos IV, una figura extremadamente controvertida que había acumulado un poder casi absoluto, pero que no gozaba de la simpatía de casi nadie: ni de la nobleza, ni del pueblo. Su cercanía con Napoleón Bonaparte, especialmente tras la firma del Tratado de Fontainebleau en 1807, fue vista como una traición a los intereses nacionales. Este acuerdo permitía el paso de las tropas francesas por territorio español para invadir Portugal, lo que muchos interpretaron como una humillación para el país y una cesión de soberanía a Francia.

Además, el país sufría una grave crisis económica, agravada por las derrotas militares contra Gran Bretaña y por la ineficaz gestión de Carlos IV, quien parecía cada vez más desconectado de las necesidades del pueblo. A esto se sumaban los rumores de que el rey pensaba abdicar en favor de su hijo Fernando VII, un príncipe mucho más popular y apoyado por sectores conservadores y patrióticos. Esta creciente división en la corte, junto con el descontento generalizado por la gestión de Godoy, creó un caldo de cultivo ideal para el estallido del motín.

Los protagonistas

Manuel de Godoy, Príncipe de la Paz. Retrato de Francisco Bayeu (1790). Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (Madrid).
Manuel de Godoy, Príncipe de la Paz. Francisco Bayeu (1790). Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (Madrid)

 

Varios actores clave desempeñaron un papel fundamental en el desarrollo del Motín de Aranjuez:

  1. Carlos IV: un monarca débil y desconectado de la realidad del país, que mostró una incapacidad para gestionar los conflictos que amenazaban su reinado. Su creciente dependencia de Manuel Godoy, quien se erigió como una figura clave en el gobierno, minó su autoridad y propició la el ascenso de Fernando VII como una alternativa política.
  2. Fernando VII: el Príncipe de Asturias, en quien muchos veían una alternativa más capaz y patriota frente a la influencia francesa de Godoy. A su alrededor se agrupaban los llamados fernandinos, que desempeñaron un papel esencial en el levantamiento, al movilizar tanto a la corte como al pueblo en su lucha contra el odiado ministro.
  3. Manuel Godoy: Una figura central en la política española del momento. Conocido por su título de Príncipe de la Paz, consiguió una gran concentración de poder gracias a su estrecha relación con la familia real y sus políticas alineadas con Francia. Sin embargo, su alianza con Napoleón, que inicialmente se vio como un punto a favor para España, pronto se convirtió en un grave lastre. La creciente percepción de traición hacia los intereses nacionales y los rumores de corrupción erosionaron su popularidad y apoyo entre la gente, que le ridiculizaban con el apodo de «el choricero», en referencia a su origen extremeño.
  4. Eugenio de Palafox: Conde de Tepa, quien además de ser un firme opositor a Godoy, tenía una razón personal para unirse al levantamiento. La condesa de Montijo, su madre, había sido desterrada por orden del Príncipe de la Paz, lo que despertó en él una profunda indignación y le impulsó a involucrarse de lleno en la organización del motín. Su papel fue clave en la lucha por la caída de Godoy.
  5. El pueblo de Aranjuez: El pueblo veía en Godoy al principal responsable de la decadencia española, pues lo consideraban la figura que había permitido el deterioro de la monarquía y del país en general. La acumulación de poder y las decisiones erróneas de Godoy, sumadas a su cercanía con la familia real, alimentaron el sentimiento de traición y desconfianza entre la población. Muchos lo acusaban de ser el artífice de la corrupción que minaba las instituciones del Estado, de favorecer intereses personales y extranjeros en detrimento del bienestar del pueblo y del reino. Esta percepción de Godoy como el causante de la crisis social, económica y política fue un factor clave que movilizó a la multitud durante el motín.

17 de marzo de 1808: la revuelta comienza

En la jornada del 17 de marzo, se desató un ambiente de incertidumbre y agitación en Aranjuez debido a la propagación de rumores que agentes secretos fernandinos  se encargaron de difundir por calles y tabernas. La noticia era que Carlos IV tenía prevista su salida del Real Sitio esa misma noche camino a Sevilla, con la intención de abandonar la península rumbo a las territorios de ultramar de la corona española. Además, estos agentes distribuyeron dinero para pagar a agitadores que amplificaran aún más el caos y la inquietud entre la población. El rumor cobró rápidamente fuerza entre la población, sembrando dudas sobre el futuro inmediato de la monarquía y generando una atmósfera de desconfianza que fue crucial para la movilización del pueblo.

La noche del 18 de Marzo: el momento culminante del Motín

A medianoche, una señal luminosa desde una ventana del Palacio Real, seguida de un disparo, marcó el inicio del levantamiento. Una multitud furiosa, unida por el rechazo a Godoy y el temor a que el rey abandonara el país, se reunió a las puertas del Palacio, gritando consignas como «¡Muerte a Godoy!» y «¡Abajo el choricero!». Rápidamente rodearon el palacio, bloqueando todas las salidas para evitar que alguien pudiera escapar.

Caida y prision del Principe de la Paz. Zacarias Velazquez lo dibujó ; Francisco de Paula Marti lo grabó. Fuente: Biblioteca Digital HIspánica
«Caida y prision del Principe de la Paz. Zacarias Velazquez lo dibujó ; Francisco de Paula Marti lo grabó». Fuente: Biblioteca Digital Hispánica

 

Un grupo de insurgentes liderados por “El Tío Pedro” (en realidad, el Conde de Tepa disfrazado de paisano) marchó hasta la residencia de Godoy, irrumpiendo en ella en su busca mientras saqueaba su contenido.  Godoy, que se encontraba en la vivienda, intentó huir, primero a una habitación interior y luego a una buhardilla, donde finalmente se escondió. Sin embargo, la multitud no cesó en su empeño de capturarle  y su búsqueda continuó por toda la residencia durante horas. Finalmente, el 19 de marzo, agotado por la sed, Godoy se acabó entregando a sus perseguidores.

Consecuencias: un cambio de monarca y la guerra en el horizonte

Carlos 4º abdica la corona en su hijo Fernando. D. Zacarias Velazquez lo dibujó ; D. Manuel Alegre lo grabó. Fuente Biblioteca Digital Hispánica
«Carlos 4º abdica la corona en su hijo Fernando. D. Zacarias Velazquez lo dibujó ; D. Manuel Alegre lo grabó». Fuente: Biblioteca Digital Hispánica

 

El Motín de Aranjuez tuvo profundas consecuencias para la historia de España. Carlos IV se vio forzado a destituir a Godoy y abdicar en favor de su hijo, Fernando VII, quien ascendió al trono en un contexto de desconfianza y tensiones políticas. Sin embargo, la abdicación de Carlos IV no resolvió los problemas estructurales que aquejaban al país. La situación política continuó siendo inestable, y la amenaza de la invasión napoleónica se volvía cada vez más inminente. De hecho, el Motín de Aranjuez aceleró los planes de Napoleón Bonaparte respecto a España, quien no dudó en aprovechar la oportunidad para avanzar en sus ambiciones de apoderarse del país. Así, lejos de ser la solución a los problemas de la monarquía española, el motín actuó como un catalizador para la intervención extranjera, acelerando la invasión francesa y la posterior Guerra de Independencia. En última instancia, este levantamiento marcó el comienzo de un período de gran turbulencia para España, cuyas repercusiones se extendieron durante los años siguientes, cuando la nación luchó por recuperar su independencia y reorganizar su estructura política en medio de las presiones internas y externas.

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Sonia Martínez, 1963-1994.

De la mano de una joven estrella de cine y TV damos hoy un vistazo crítico al Madrid de la década de 1980. Según algunos, un epicentro de vanguardias culturales. Según otros, un pozo de degradación. En realidad, elementos de ambas cosas y de otras muchas. Metrópoli en la que en muy poco tiempo, una persona podía saltar a la fama o acabar cargando con fallos estructurales de todo un país.

Desde el Pirulí de la M-30 se divisa un país lleno de ilusiones de cambio. Da sus últimos coletazos el “Alcázar”, diario nostálgico de los patrioterismos trompeteros. Extinguido está ya el “Triunfo”, semanario de los intelectuales que habían traído los nuevos aires. Acrobáticos cambios de chaqueta de un ámbito a otro, y mientras, la gente opta por una tercera vía, la de pasarlo lo mejor posible bailando con los Ultravox, y riendo con los nuevos humoristas. Romeu y los pinceles de “El Jueves” rivalizan con los históricos Mingote y Forges.

Panorama sucinto del Madrid de 1980 y su televisión

Dos cadenas bastan para la televisión de Madrid y de la mayor parte de España. Como son solo dos, la TVE-1 y la TVE-2, encadenan muy poco a la gente, y ni siquiera emiten todas las horas del día. La transición de los transmisores de VHF -situados en un pico de Navacerrada- a los de UHF -situados en el nuevo Pirulí- hace que la gente suba a las azoteas a reorientar las antenas, que todavía no son “colectivas” sino individuales, una para cada vecino. Al poco tiempo se acabará lo de ir a la azotea a tomar el sol, con las “colectivas” se gana en estética al desaparecer los bosques de antenas, pero se pierde cierto esparcimiento que el urbanita podía gozar sin salir del bloque de pisos.

La Televisión: reina absoluta de las comunicaciones. Internet ya existe, pero solo lo usan los militares de tres estrellas para arriba y algunas universidades de élite. Los franceses andan probando una cosa llamada Minitel, que será una aproximación para ir metiendo ordenadores en la casa de cada cual, que se puedan comunicar de casa a casa, pero eso solo tendrá cierta difusión en la Galia. Aquí la “Tele” tiene reinado absoluto para muchos años, y es reverenciada cual deidad. “Lo ha dicho la Tele” dicen entonces las ancianitas para asegurar que una noticia es fiable al cien por cien, como dirán mucho después sus nietos cuando lo han visto “en el Bluesky”.

Televisión Española. El Prado del Rey, o Prado del Llorar, como lo llaman algunos queriendo forzar un poco el juego de palabras. Con sus grandezas y sus miserias. Con sus gestas triunfales y sus cadáveres en el armario. Teatro filmado de excelente calidad (“Estudio 1”) convive con “Estrenos TV” rellenando parrilla a base de telefilmes infumables. Cierto es que el Ente defectos tiene, que es uno de tantos mastodontes estatales devoradores de millones de pesetas, como señalan sus críticos. Cierto es que obedece, cual ejército de las ondas, a los políticos que en cada momento han dirigido la nación desde su fundación en 1957 hasta esos vertiginosos años 80, ejerciendo un monopolio audiovisual. Pero también tiene sus ventajas. Al no haber todavía batallas de audiencia contra otras televisiones, puede haber espacio para programas donde prime la calidad frente al sumar espectadores a lo loco al precio que sea. Televisión Española. La de principios y mediados de los 80. Probablemente la mejor que ha habido. Ya se ha superado la etapa de las películas del Far West importadas al tun tún y dobladas en Puerto Rico. Y todavía no se ha caído en la banalidad de los años 90. El “Un, Dos, Tres, responda otra vez” de Chicho Ibáñez Serrador todavía tiene gracia y no se ha quemado de tanto forzar la máquina. Llegan a su cúlmen, y empezamos a entrar en materia, los programas dirigidos a la chiquillería. Habrá unos pocos años de aire fresco donde se dejará de tratar a los niños y jóvenes como si fueran discapacitados intelectuales (Miliki), hasta que las aguas vuelvan a su cauce habitual y vuelvan a tratar a los niños y jóvenes como si fueran discapacitados intelectuales (Leticia Sabater). En ese bendito intervalo que comprende más o menos desde 1984 hasta 1988 encontramos tres programas de TVE que despertaron en muchas pequeñas mentes más ideas de las que pudieran hacer brotar los ocho cursos enteros de la EGB, la “General Básico-Sádica” que decía Forges. Uno de ellos es “La Bola de Cristal”, verdadera escuela de pensamiento crítico para niños, y puerta de acceso a la actualidad del pop-rock para los un poco más mayorcitos. No nos extenderemos mucho con ese programa, pues ya se ha dicho de él casi todo en infinidad de libros, prensa, webs…

El segundo programa era “El Planeta Imaginario”, experimento teatral que al contrario que el anterior no se filmaba en Madrid, sino en Barcelona, y al frente del cual se hallaban, dándole toques entre lo dadá y lo futurista, Miquel Obiols y Teresa Soler.

Enseñar a los niños a mirar al mañana

El tercer programa, como el primero, se filmaba en Madrid, y no tenía como aquel y el segundo vocación de transgresor cultural ni de innovador de costumbres. Simplemente se propuso hacer una divulgación científica accesible a los niños, precisamente en una época en la que llegaban hitos tecnológicos como la lanzadera espacial “Columbia” o los primeros microordenadores domésticos del tipo del ZX Spectrum, fenómenos que en los sosos manuales de la EGB muchas veces ni se les citaban, pero que iban a cambiar sus vidas cotidianas mucho más que los afluentes del Tajo por la margen derecha, las tablas de multiplicar o los diptongos. El tercer programa se llamaba “3, 2, 1.. ¡Contacto!” y era la versión española de un programa norteamericano. Como ocurría con “Barrio Sésamo”, se alternaban contenidos filmados en América con otros creados en Prado del Rey.

Entre los contenidos americanos nos trajeron aventuras de unos chavales metidos a detectives, al estilo de “los Cinco” británicos, pero también noticias de tecnologías informáticas que se estaban probando al otro lado del charco, como fue un experimento conceptual de ordenador que almacenaba en su memoria el callejero de una ciudad, y en el que seleccionando menús en la pantalla el usuario podía obtener imágenes de cada edificio. Todavía faltaba mucho para el Google Earth, pero los primeros pasos ya estaban dados.

Los contenidos españoles eran también muy variados, e iban desde la zoología -en dosis pequeñitas, luego en los 90 se pasó a que de cada diez documentales doce fueran de animales- a visitas a estaciones de seguimiento de satélites. Durante un tiempo pasó por el programa el inefable José Luis Moreno con sus muñecos Rockefeller y Macario (como pasaba con Ibáñez Serrador, todavía no se había pasado de revoluciones) haciendo gracias sobre el Columbia “la avioneta esa de los americanos”, en palabras del muñeco, y en verdad hay que decir que para hacer un programa tan alejado de su hábitat habitual, no lo hizo mal. Sin embargo, el núcleo de presentadores de la versión española eran cuatro chavales, casi salidos de la misma infancia. Tres de ellos tuvieron sus tardes de gloria, y tras la emisión de los programas no se volvió a saber gran cosa de su vida. Pero había una cuarta chiquilla en liza, una madrileñita que allá por donde pasaba, no dejaba indiferentes ni a chicos, ni a grandes.

Se llamaba Sonia Martínez Mecha, nació un 23 de septiembre de 1963 y pasó buena parte de su vida a medio camino del Parral, la Guindalera y el Parque de las Avenidas. Se movía, por ejemplo, por la cafetería Bruselas (actual Casa Gato). Llegó a la pequeña pantalla casi de casualidad, pues aunque ya era una niña-prodigio, su talento iba más bien orientado al deporte, donde había llegado a ser subcampeona de natación de Castilla. Su hermana Irene de hecho continuó ese camino, y fue una destacada gimnasta olímpica de aquel período.

Sonia Martínez en su estado primigenio y real, que durante muchos años ha sido olvidado. 5 de mayo de 1983, los invitados al plató de Dabadabadá fueron de excepción: Miguel Narros, director teatral, Antonio Buero Vallejo, dramaturgo, y la actriz, también de teatro, Julia Gutiérrez Caba. Archivo Hugo Gómez Muñoz.
Sonia Martínez en su estado primigenio y real, que durante muchos años ha sido olvidado. 5 de mayo de 1983, los invitados al plató de Dabadabadá fueron de excepción: Miguel Narros, director teatral, Antonio Buero Vallejo, dramaturgo, y la actriz, también de teatro, Julia Gutiérrez Caba. Archivo Hugo Gómez Muñoz.

 

La entrada de Sonia en TVE puede calificarse de triunfal, apareciendo enseguida en otros programas de los destinados a los chavales, como el “Dabadabadá”, e incluso con alguna brevísima intervención en “La Bola de Cristal” cuando el equipo de ese programa hizo una entrevista al de “3, 2, 1… ¡Contacto!”. No encajaba del todo en los cánones estéticos al uso, pero era una belleza impresionante, con sus característicos ricitos y su mirada de placidez, figura toda ella resaltada por la excelente condición física heredada de su etapa de deportista. Pero también tenía un cerebro muy inquieto y muy activo, por lo que enseguida se ganará las simpatías de cineastas o programadores de televisión ya fuera del ámbito de los programas para niños.

Sonia no quiere ser una “mujer-florero”, y rechaza la salida facilona de participar como “azafata” en el “Un, Dos, Tres” de Chicho. También rechaza pagar muchos peajes de los que se imponían a las mujeres para trepar rápido en el mundo del show-business, donde el derecho de pernada existía bajo unos nombres o bajo otros. Por ello, junto a los muchos admiradores, empiezan a surgir envidias y odios cainitas que a la larga se saldrán con la suya. Pero en este presente rutilante del Madrid que era una fiesta, Sonia sigue firme: no es una vicetiple ni una coristona de película del landismo, es una actriz. Pronto la llama Gonzalo Suárez para su primera película seria, “Epílogo”, de 1984. Seguirá la racha con “Violines y trompetas” de Rafael Romero Marchent y la serie televisiva “Segunda Enseñanza”, rodada en Asturias con guiones de Ana Diosdado (1986). También hará una incursión en el llamado “cine quinqui” con José Antonio de La Loma. No se cansa de experimentar. No se corta un pelo. Si tiene que decir a las claras que muchas gentes de la cosa audiovisual “no saben cantar, ni bailar [1]” lo dice, pues sabe de sobra que muchas de las actuaciones que se retransmiten son meros playback, pero como la gente todavía tiene una fe ciega en lo que sale de la pantalla, se los cree.

Una carrera emergente truncada por varios factores

Se vuelve una habitual de los ecos de sociedad, unas veces en compañía de amores ciertos, otras de amores que le inventan los plumillas de turno.
En 1985 fallece su madre, víctima de un cáncer. Tiempo atrás, con el diagnóstico, es probablemente cuando han empezado muchos de los problemas de Sonia, pues en el “rollo de septiembre” que son los colegios e institutos le enseñan a uno infinidad de logaritmos, fechas de batallas y similares, pero no a lidiar con problemas del día a día del hogar. Ni mucho menos a afrontar enfermedades o muertes prematuras. El cáncer es todavía un tabú -la “penosa enfermedad” de las esquelas- en 1985. La salud mental y las depresiones, doble tabú. A un hogar normal y corriente de una familia promedio se le abren grietas por muchos lados.

Sonia parece superar estas primeras depresiones. Prueba suerte, sin éxito, en un canal de TV de Nueva York. La llaman de la televisión alemana ARD para intervenir en un capítulo de la serie “Grossstadtrevier”, así, con tres eses, palabro teutón traducible más o menos como “la comisaría de la gran ciudad” y bajo el que se esconde uno de los programas de más éxito en la zona de Hamburgo, pues en esa ciudad se ruedan casi todos los capítulos, como mucho después se rodarán los de “El Comisario” en los suburbios matritenses con Tito Valverde, Zutoia Alarcia, Pilar Punzano y compañía (nota curiosa, la serie alemana sigue rodándose en 2025). Ese capítulo se rueda en 1986 en la isla de Ibiza, con Sonia como pareja detectivesca de la alemana Mareike Carriere [3], y estaba destinado a ser el definitivo despegue de una joven promesa española en tierras extranjeras, sin necesidad de haber sido “hija de” nadie, “esposa de” nadie ni “mantenida de” nadie.

Era demasiado para lo que podían soportar muchos mediocres del “establishment” artístico. España se dota en los años 80 de una corteza exterior de modernidad que en varios casos consigue calar mucho hacia el interior, pero que en otros es apenas eso, una corteza. Los usos y costumbres de la boina y de la sexualidad enfermiza siguen vigentes en los estratos geológicos más profundos, aunque ahora no se vean. Se respeta a una mujer bonita que no sea inteligente. Se respeta a una mujer inteligente que no sea bonita. Pero una mujer que reúna las dos condiciones y que lleve la iniciativa de su propia vida es vista enseguida como una afrenta, como un peligro a conjurar. Y vaya que si se conjuran para ponerle coto. Los hamburgueses conceden dos días de descanso a la troupe ibicenca de actores, y Sonia se dispone a descansar en una playa de la isla [4]. Como hacen millones de mujeres en miles de playas, en todos los países civilizados, en todos los países no sometidos a tiranías de burkas ni de mantillas, Sonia se aligera de ropa y muestra su preciosa anatomía a los cuatro vientos. Pero alguien acecha por la zona con un teleobjetivo. Uno de tantos paparazzi que van por ahí a la caza del famoso. Cuando el avión de Sonia aterriza de vuelta en Barajas, ya ha estallado el escándalo. Las fotos han aparecido en una revista del sensacionalismo más heavy, de esas de carnaza neumática y bulos alarmistas (parte de la supuesta clase intelectual del país incluso se presta a colaborar con ellas como coartada para que el Torrente de turno pueda decir “Yo es que compro el Interviú por sus artículos de política”).

Homo homini lupus

Empieza el linchamiento, empieza la cacería, empieza el “victim blaming”. Se rasgan las vestiduras en los sanedrines de Prado del Llorar: una mujer que presenta programas para niños no puede sacar una teta al aire, aunque sea fuera del horario laboral y en un lugar totalmente ajeno a esos programas. Se la expulsa sumariamente de TVE, donde compatibilizaba el programa “En la Naturaleza” -nuevamente la divulgación científica para los más jóvenes- con sus incursiones en el cine y en aventuras como la de la ARD. Ha empezado para Sonia el recorrido por una “Vía Dolorosa” de nada menos que ocho años.
Queda al descubierto la pantomima lampedusiana llevada a cabo en los años 70 y 80. Muchos españoles, tanto de los gobernantes como de los gobernados, han creído sinceramente en lo del “marco de convivencia y de libertades” a “nivel europeo”. Pero el Padre Vicente, aquel maestro que soportaba Sonia en sus primeros años de escuela y que predicaba contra las minifaldas, no se ha esfumado, ni mucho menos. Muchos como él han cambiado la sotana por la chupa de cuero, e igual que antes supieron integrarse perfectamente en el discurso de autarquías, montañas nevadas y sendas imperiales, ahora se acoplan como pueden en el bipartidismo, en las autonomías y en el tratado de adhesión a las Comunidades Europeas. La cosa llega hasta el hemiciclo de la Carrera de San Jerónimo, y la Comisión de Control Parlamentario de RTVE refleja, en el acta de su sesión celebrada el 3 de octubre de 1986, una pregunta realizada por el diputado Javier Rojo -rojo de apellido y de ideas- a José María Calviño, director del “Ente”. Javier Rojo, representando una inquietud que compartía mucha gente a nivel de la calle, como intuyendo que expulsar a esta persona de una televisión que se estaba ganando una reputación de “progre” iba a ser un error descomunal, inquiere a Calviño sobre las razones del despido. Calviño diluye la cosa en que todo ha sido una “tormenta de verano” y en problemas puramente laborales. Primera batalla: Sonia pone un pleito a TVE. David contra Goliath. David vence ese primer asalto, pero por poco tiempo.

Es readmitida por la puerta grande en TVE, con el apoyo teórico de Pilar Miró. Pero el propio Goliath está dividido en su interior: en los pasillos de Prado del Llorar se prepara otro movimiento involucionista de dimensiones todavía más grandes. Es 1987 y Sonia ha sido elegida para presentar uno de los espacios estrella de TVE. No es otro que “La Bola de Cristal”, en el que la habían entrevistado unos años antes [5]. Sonia iba a ser la segunda presidenta-electa de la “República Electrovoltaica de Tetrodia”, en el peculiar léxico de los “Electroduendes” del mítico programa, y va a sustituir a la popular Olvido Gara, “Alaska”, en esa labor. Parece que los problemas han acabado, pero no es así. En 1986 habían sonado las trompetas del Comité Olímpico Internacional, y ahora tocaba que España celebrara los Juegos de 1992, para dar una imagen de país serio y respetable. Tan serio y tan respetable que hay que quitar de enmedio el espíritu transgresor y de efervescencia social venido en el periodo 1982-1986, empezando por la propia “Bola de Cristal”. El programa es suprimido en 1988 [6], nuevamente por gente que se suponía que estaba del lado de la modernidad, y la participación que tuvo Sonia en los últimos episodios no fue de presentadora principal, sino en pequeños sketchs de la sección “La cuarta parte”. De hecho en muchas crónicas oficiales o particulares de aquel mítico programa, su nombre directamente ni se menciona. De informaciones aparecidas en los últimos tiempos parece deducirse que esas apariciones fueron una especie de “jaula de oro” para tenerla tranquila y que no aireara más trapos sucios de la cadena.

Trasfondos

Por aquel tiempo fue notorio que en una gala de Nochevieja de TVE incluyeran como sorpresa que a una cantante italiana que estaba de moda se le saliera “accidentalmente” una teta al aire. En un programa destinado a todos los públicos, aunque fuera nocturno. En un programa que estaba grabado de mucho antes, aunque se emitiera un 31 de diciembre. Es decir, que hubo mucho tiempo para reflexionar qué se emitía y qué no. Se emitió. Lograron su dosis de polémica (que era lo que buscaban) y punto. No hubo preguntas en comisión alguna de parlamento alguno, ni se pidió la cabeza del que dirigiera aquella gala, ni se vetó a nadie.

¿Un día iban de puritanos y al siguiente anticipaban lo que iban a ser las “mamachichos” de pocos años después? Algo no cuadra. No cuadraba en los 80 ni cuadra en 2025. Hay fuentes que ven indicios de que la desnudez de Sonia fue una mera excusa para encubrir otros motivos de su caída en desgracia. ¿Acoso laboral? ¿Acoso sexual? Mezcla de ambos: La propia Sonia declaró en 1986 (6 de septiembre) al diario ABC: “Hay alguien empeñado en apartarme de TVE”. Martín Prieto, periodista de El Mundo que recopiló sus columnas Cartas a mujeres en un libro del mismo título, dedica una a Sonia en la que habla claramente de un responsable, masculino, y le dedica una ristra de insultos. No dice el nombre, pero seguramente muchos que vivieran esa época sacarán pistas de ahí [7]. También fue pionero en mencionar la palabra “depresión” como amplificador de los problemas de nuestra protegonista en una época en la que seguimos recordando que los problemas de salud mental eran un tabú. Muchos años después, en un programa de la TV autonómica de Castilla y León, con Miguel Herrero, divulgador de la historia de la TV y autor de un libro sobre las marionetas que salían con ella en pantalla y a los que ponía voz Pepe Carabias (por cierto, un tipo curiosísimo al que también habría que hacer su homenaje) se defendió la tesis de acoso de “un conocido periodista”. (Ahora se ha conseguido seguir la pista hasta orillas del Pisuerga).

Fin de década. Vuelve la ñoñería a la programación televisiva de los niños, y a la de los mayores. Vuelve el didactismo machacón para los primeros y entran en escena los “culebrones” para los segundos. En 1989 se acaba el monopolio de RTVE y aparecen las televisiones privadas. “¡Libertad!” exclama toda la sociedad al unísono. “Por fin cada uno podrá ver lo que le dé la gana”, vuelven a exclamar ingenuos la plebe y los patricios. El resultado, pues más o menos como el que se producirá años después con la llegada de la TDT: salvo honrosas excepciones, emisoras privadas con poca mentalidad de empresa duradera y mucha de negocio rápido a costa de lo que sea, y emisoras públicas que para competir en audiencia con los advenedizos, tienen que bajar el listón y ceder al populismo. Vuelta al humor grueso de Esteso y Pajares, exhibición a escala industrial de anatomías femeninas a todas horas, dejando el incidente de Sonia en una cosa anecdótica.

Y a todo esto… ¿Dónde está Sonia?

El hundimiento

Un fantasma recorre Madrid, el del holocausto generacional. Es el holocausto de la droga. Una sociedad desinformada que tontea con el “porro”. De ahí a la “farlopa”. De ahí al “caballo”. Como el otro holocausto, la heroína deja miles de cadáveres o de zombis desfigurados por las calles. Como el otro holocausto, tiene por responsables últimos a criminales de alto copete que en muchos casos nunca serán atrapados por la justicia, y terminarán sus días en Marbella rodeados de fastos. A los españoles nos encanta pasar de un extremo a otro, y de los años de prohibiciones absurdas se quiso pasar en dos días al “todo vale”. Desinformación. Instituciones desbordadas… el narcotráfico se pone las pilas para embaucar en su trampa mortal a todo el que pase. Sucumbió una generación entera de gente, precisamente la que estaba destinada a haber hecho de los 80 una década todavía más prodigiosa que la de los 60.

Por el parque del Planetario, por la Plaza de España, deambula una zombi más. En sus ojos todavía se ve de vez en cuando una mirada de paz, recuerdo de instantes de hace tres años que para ella parecen ya de hace tres siglos. La gran resistencia física que adquirió en sus años de duros entrenamientos es ahora, paradójicamente, una tortura, pues alarga su agonía en vez de dejarla fulminada en alguna estación del Suburbano camino del descanso pacífico del RIP. La supuesta “libertad” que han traído las nuevas televisiones es ahora un peligro más del que huye, pues el sensacionalismo cutre de las revistas del “cuore” se ha contagiado del papel a la pantalla y ha sido adoptado como línea editorial por muchos de los “profesionales de la información”.

Una fuga sin fin

Ofrecimiento de millones de pesetas por parte de más demagogos para que cuente sus miserias ante el micrófono o ante la libreta. “Niños, no os metáis en la droga o acabaréis como ella”, se dice por todas partes (en cambio a Maradona se le sigue considerando un héroe internacional). Millones de pesetas que luego se acaban llevando nuevos pícaros, de catadura moral peor todavía que la de los narcos: Lucien Engelmayer, apodado “El patriarca”, ha timado a miles de franceses con supuestos “tratamientos de desintoxicación” que no son otra cosa que pretextos para tener a los zombis arando el campo en las fincas-prisión de su organización. Cuando los jueces franceses indagan en las palizas, torturas y violaciones, y concluyen que esta es una secta destructiva tan peligrosa o más que la propia droga, Engelmayer se viene a España a arruinar más vidas. Fuga sin fin. Sonia se escapa de uno de los campos de Engelmayer y consigue volver a Madrid. Fuga sin fin. Los proxenetas descubren que todavía conserva algo de belleza aprovechable, y se impone la ley de la jungla, perdón, la de la oferta y la demanda. Fuga sin fin. Fuga sin fin. En los fragmentos de entrevistas que se conservan de aquella época, sin embargo, se atisba que tenía momentos de mucha lucidez. Por ponernos todos un lacito rojo no se va a solucionar lo del SIDA, afirma. Prevención y aviso contra todos los postureos actuales.

Entre todos la mataron… y ella sola se murió

El 4 de septiembre de 1994 Sonia volvió a ser libre, ahora ya para toda la eternidad. En su última etapa había conseguido normalizar su vida dentro de lo posible, pudo ver los primeros andares por el mundo de su hija (que desde hace algunos años es un hijo, el mundo ha cambiado mucho), y hacer alguna última mini-intervención en alguna película, pero su salud ya estaba minada irremisiblemente.

Quedaron para la historia de ésta Villa y Corte algunos hombres buenos, vacunados contra los dogmatismos, que no miraron para otro lado, ni participaron del circo que cuatro espabilados montaron para satisfacer el morbo de marujonas y marujones -el cotilleo no distingue de sexos- con el hundimiento moral de una persona, ni se lavaron las manos echando la culpa de todo el problema a la droga, cuando esa culpa era compartida, como hemos visto, con otros socavadores de la condición humana como la envidia o la hipocresía. Quede para el recuerdo José Luis Sánchez Roda, que le devolvió sus derechos básicos a un techo y un plato de comida. También el músico José María Cano, que le ofreció ayuda terrenal y fue de los pocos en acordarse de ella tras su partida (de músico se reconvirtió a pintor y luego se retiró de una vida artística que también le trajo muchos desencuentros personales y profesionales).

La travesía del desierto póstumo

Vinieron unos años en que todo recuerdo sobre Sonia Martínez fue sepultado o distorsionado. Se tenían recuerdos muy vagos, al extremo de asociarla con “la yonki esa de la tele” o “una que hacía películas (en plural, cuando fue una) de quinquis y acabó llevando una vida de quinquis”. Nadie recordaba que en sus años buenos se había codeado con altos técnicos de la NASA ni con el dramaturgo Antonio Buero Vallejo.

En 2004 empezaron a cambiar un poco las cosas. Al cumplirse el primer decenio de su deceso, algunos admiradores y curiosos empezaron a hacerse visibles en un hilo del ya desaparecido foro de Internet electroduendes-net. Poco a poco se fueron sumando otras webs o canales del naciente Youtube que resucitaron para las nuevas generaciones fragmentos de las películas o programas de Sonia. No se puede olvidar la labor de Hugo Gómez Muñoz desde Valladolid, de Patxi Juanicotena y Luis Martínez Méndez desde Barcelona, ni de Elizabeth Campbell desde Asturias, entre otros.

La reparación moral

La tarea de reivindicar la memoria de aquella actriz y presentadora fue muy difícil en esos primeros años. Ponerse en contra a un país entero. Un asunto fuera del radar y de las agendas de todos, incluso del radar de las feministas. Para los “carcas” suponía defender a una especie de viciosa degenerada. Entre los “progres”, bajo cuyo mandato había sucedido el destierro de Prado del Rey, ley del silencio absoluta, o marear la perdiz sobre si las fotos del Interviú eran consentidas o no, o argumentos tipo “ella se lo buscó”, o “en ésa época se vivía muy bien: íbamos camino de la Expo 92”. Pero fue viniendo más gente. A los foros de Internet les fueron sustituyendo reuniones ya presenciales en Madrid para contrastar y poner en claro decenas de datos e informaciones contradictorias. Y se unieron periodistas serios, y familiares o amigos que habían conocido a la propia Sonia. Y finalmente, en diciembre de 2024 estos esfuerzos cristalizaron en un documental de Ángela Gallardo, César Vallejo, Carlos Barea y otros, que se emitió por La 2 de TVE y que se encuentra disponible en la web de la cadena estatal: “La última noche de Sonia Martínez”.

En marzo de 2025, ha llegado el segundo y definitivo documental que ha puesto todos los puntos sobre las íes, realizado por Jorge Lérida, del canal «Aquellos maravillosos niños»:

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Radiografía de una ciudad, y de un tiempo. Con cosas que le quitan a uno la fe en la especie humana, pero también con cosas que se la devuelven.

Este texto es una versión actualizada del artículo del mismo autor publicado en 2010 en la web Fotomadrid.

NOTAS

-[1] Diario ABC, 29 de noviembre de 1983, pág. 9.
-[2] Diario ABC, 26 de noviembre de 1985, pág. 113.
-[3] Es el episodio 12 de la primera temporada, y fue titulado Fotos aus Ibiza.
-[4] Diario ABC, 16 de octubre de 1986, pág. 81.
-[5] Diario El País, 12 de febrero de 1987.
-[6] RICO OLIVER, Dolores. El libro de La Bola de Cristal, ed. Plaza y Janés, 2003.
-[7] Recopilación en forma de libro publicada en 1995 por Espasa-Calpe. Ver páginas de la 30 a la 33.

Juan Pedro Esteve García
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Historia del Palacio de El Pardo

Situado en las afueras de Madrid, rodeado por el bosque de El Pardo, de donde toma su nombre, este palacio ha servido como lugar de descanso para los monarcas y como escenario de importantes eventos políticos. En la actualidad sigue siendo un importante símbolo de la monarquía española, además de albergar una rica colección de arte y servir como sede de eventos oficiales.

El origen del Palacio de El Pardo

La historia del Palacio de El Pardo se remonta al siglo XIV, cuando el monte de El Pardo era un popular coto de caza de los monarcas castellanos. En 1405 Enrique III ordenó construir una casa real o pequeño castillo en este lugar que el emperador Carlos V reemplazó por un palacio de nueva planta entre 1540 y 1558, diseñado por Luis de Vega, con forma de alcázar cuadrado, torres en las esquinas y rodeado por un foso. Felipe II lo embelleció entre 1563 y 1568 al estilo italiano, con estucos, pinturas murales y retratos de la familia real, en su mayoría obras de prestigiosos pintores, como Becerra, Tiziano, Antonio Moro y Sánchez Coello.

El palacio conserva el foso del castillo tardo-medieval sobre el que se levanta.
El palacio conserva el foso del castillo tardo-medieval sobre el que se levanta.

Fotografía por Esetena. Fuente: Wikipedia

El incendio de 1604 y su impacto en el Palacio

El incendio de 1604 fue un desastre para el patrimonio artístico español. Las llamas destruyeron casi quinientas obras valiosas, entre pinturas y otras piezas culturales de gran importancia. A pesar de la magnitud de la tragedia, algunas obras lograron sobrevivir a las llamas, destacándose el cuadro de Tiziano Júpiter y Antíope -también conocido como la Venus del Pardo-, lo que supuso un grandísimo alivio para Felipe III. «Si ese cuadro se salvó, lo demás no importa» se dice que comentó el monarca al conocer la noticia del trágico suceso.

Tiziano, Júpiter y Antíope, óleo sobre lienzo, Museo del Louvre
«Júpiter y Antíope», de Tiziano. Museo del Louvre

 

Tras el incendio, del que solo sobrevivió la torre suroeste, el palacio fue reconstruido por el arquitecto Francisco de Mora. Después de su muerte, su sobrino Juan Gómez de Mora continuó la obra, completando la construcción bajo el reinado de Felipe IV.

Transformaciones posteriores y el siglo XX

A lo largo de los siglos, el Palacio de El Pardo fue objeto de diversas transformaciones, adaptándose de manera constante a las nuevas demandas de cada periodo histórico. Durante el reinado de Felipe V, el monarca, atraído por el carácter agreste y la serenidad del entorno natural de El Pardo, decidió convertirlo en la residencia principal de la corte durante los meses invernales e hizo edificar la Capilla Real, integrada al Palacio. Esta elección reflejaba no solo el deseo de alejarse del bullicio de la capital, sino también un afán por encontrar en El Pardo un refugio más íntimo y adecuado para las épocas frías.

El hijo de Felipe V, Carlos III, también se sintió profundamente atraído por El Pardo, y su aprecio por este palacio fue tal que lo estableció nuevamente como la residencia principal de la corte durante el invierno. Bajo su reinado, El Pardo experimentó una de sus más destacadas transformaciones arquitectónicas, con una notable ampliación extendiendo un ala hacia el este, lo que dio lugar a una nueva fachada principal orientada al sur, además de un patio central que reorganizaba el amplio espacio obtenido.

Palacio de El Pardo, patio de los Borbones.
Palacio de El Pardo, patio de los Borbones. Fuente: Madridiario

El palacio sufrió graves daños durante la Guerra Civil, pero al finalizar el conflicto fue restaurado y adaptado para ser la residencia del Jefe del Estado, Francisco Franco, quien lo habitó desde 1940 hasta 1975.

Legado y actualidad del Palacio de El Pardo

Actualmente, el Palacio de El Pardo continúa siendo un destacado símbolo histórico de España. Tras el fallecimiento de Franco, fue incorporado al patrimonio nacional y se abrió al público. Los visitantes pueden admirar su valiosa colección de cuadros y tapices de los siglos XVI y XVIII, que decoran sus paredes, así como el elegante mobiliario que lo acompaña.

Interior del Palacio de El Pardo.
Interior del Palacio de El Pardo.Fuente: Patrimonio Nacional

 

Su rica historia, marcada por el incendio de 1604 y las posteriores transformaciones, convierte al Palacio de El Pardo en un testimonio del cambio político, cultural y artístico en España a lo largo de los siglos.

Páginas web consultadas

  • Museo del Pardo: Entrada sobre el Palacio de El Pardo
  • COAM: Entrada Sobre el Palacio de El Pardo
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11M: El dolor de Madrid y la solidaridad frente a la tragedia del atentado

Hoy, al conmemorar el 11 de marzo, recordamos uno de los días más trágicos y determinantes en la historia reciente de España. Hace 21 años, Madrid fue golpeada por una serie de atentados terroristas que marcaron un antes y un después en el país. A las 7:37 de la mañana, se produjeron diez explosiones simultáneas en cuatro trenes de la red de Cercanías en Madrid. Dos de los trenes en los que se produjeron explosiones se encontraban en Atocha, uno en Santa Eugenia y otro en la estación de El Pozo. Mientras miles de personas se dirigían a sus trabajos o comenzaban su rutina diaria, la ciudad, acostumbrada al ritmo frenético de cada día, se vio sumida en el caos.

Como consecuencia de estos ataques terroristas, murieron un total de 191 personas y 1.587 resultaron heridas. Las víctimas fueron, en su mayoría, personas comunes, con nombres, historias y familias, que se encontraron atrapadas en una tragedia de magnitudes incalculables. Los trenes fueron hechos añicos, y el horror se desató de forma inmediata. El miedo, el dolor y la incertidumbre dominaron las calles de Madrid, donde la angustia se apoderó de todos los que presenciaron o vivieron el atentado del 11M.

Sin embargo, lo que siguió fue también un reflejo de la capacidad humana de enfrentar lo inexplicable. En medio del caos, los madrileños y ciudadanos de todo el país respondieron con una solidaridad impresionante. Los servicios de emergencia, médicos, bomberos y policías, sin descanso, trabajaron para rescatar a los heridos, mientras que miles de voluntarios acudieron a los hospitales y centros de donación para ayudar. En los momentos más oscuros, la respuesta colectiva fue una muestra de que, a pesar del horror, el ser humano puede ser más fuerte que la barbarie.

Hoy, al recordar ese día, honramos a las víctimas que perdieron la vida en el atentado del 11M, pero también a todas las personas que, de una u otra forma, se vieron afectadas. Las familias de las víctimas, quienes, más allá del dolor, mostraron una fuerza y dignidad indescriptibles, nos dejaron una lección de solidaridad y unidad. Madrid, una ciudad marcada por la tragedia, se levantó con una determinación nueva, más unida, más consciente de la fragilidad de la vida, pero también más decidida a no ceder ante el miedo.

El 11 de marzo no solo nos recuerda el sufrimiento, sino que nos obliga a reflexionar sobre lo que somos capaces de hacer frente a la violencia y el odio. Este aniversario es un recordatorio constante de la importancia de la memoria, la unidad y el compromiso con los valores democráticos. Nos enseña que, ante la barbarie, la respuesta debe ser siempre colectiva, basada en el respeto y la búsqueda de la paz.

Hoy, 21 años después del atentado del 11M, seguimos recordando a las víctimas y a sus familias, y reafirmamos que, a pesar del dolor, Madrid y España en su conjunto han sabido reconstruirse. Cada 11 de marzo, volvemos a comprometernos a seguir luchando por un futuro sin violencia, por un mundo donde el odio no tenga cabida, y donde la solidaridad y el respeto sean los pilares sobre los que se construya nuestro día a día.

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