Cada 27 de julio, en el Real Monasterio de la Encarnación, sucede un fenómeno que viene repitiéndose desde hace cuatro siglos: una sustancia recogida en una pequeña ampolla —y que la tradición tiene por sangre de San Pantaleón— pasa de un estado sólido a uno líquido. No falta quien lo tenga por milagro, ni quien, con la misma convicción, lo despache como pura superstición.
San Pantaleón: de médico de la corte a mártir decapitado
San Pantaleón fue, según la tradición cristiana, médico de la corte imperial en Nicomedia —la actual İzmit turca—, hijo de Eustorgio, pagano, y de Eubula, cristiana que murió cuando él era niño. Convertido al cristianismo, heredó a la muerte de su padre una considerable fortuna, que repartió entre los pobres, liberando además a sus esclavos. Ejerció la medicina sin cobrar a los enfermos pobres, lo que fue restándole clientela a otros médicos; esa rivalidad terminó en denuncia cuando Diocleciano promulgó, en el año 303, su edicto contra los cristianos. Fue arrestado, torturado y finalmente decapitado el 27 de julio del año 305.

La Iglesia lo venera como uno de los Catorce Santos Auxiliadores, invocado especialmente por enfermos y profesionales de la medicina. Sus reliquias se conservan repartidas entre Constantinopla, la catedral de Ravello y el Real Monasterio de la Encarnación de Madrid, donde la ampolla de su sangre es cada año objeto de especial veneración.


Cómo llegó la reliquia a Madrid
La presencia de esta reliquia en la capital está ligada a los orígenes del Real Monasterio de la Encarnación, fundado por Margarita de Austria, esposa de Felipe III. Durante los primeros años del convento profesó allí doña Aldonza de Zúñiga, hija de los condes de Miranda —su padre, Juan de Zúñiga, había sido virrey de Nápoles—, que con el tiempo llegó a ser segunda priora, tras la fundadora, Mariana de San José. A ella se debe la llegada al relicario de una ampollita de cristal guarnecida en oro con sangre de San Pantaleón, pieza que el día del martirio del santo abandonaba su estado de coagulación para tornarse líquida.


Dicha reliquia procedía de la catedral de Ravello y había sido entregada a sus padres por mediación del papa Pablo V. La ampolla fue depositada en el convento madrileño, donde permanece custodiada desde entonces.
Siete años de vigilancia notarial
La licuefacción de la sangre de San Pantaleón en el Real Monasterio de la Encarnación de Madrid —el mismo prodigio del que venimos hablando— lleva documentándose desde hace casi cuatro siglos. Ya en 1645, el licenciado Luis Muñoz lo menciona en un escrito sobre la fundadora, así que para entonces el prodigio llevaba ya un tiempo dando que hablar en el convento. El arzobispo de Santiago de Compostela, como juez ordinario, encargó una investigación que se prolongó siete años consecutivos, de 1723 a 1730: un grupo de trece doctores en Medicina y Teología observó el contenido de la ampolla y firmó ante notario que la sustancia se volvía líquida cada 27 de julio, sin intervención humana.

Entre la fe y la ciencia
Todos los años, el 27 de julio, la ampolla se expone al público, y son numerosos los fieles y curiosos que acuden al monasterio. Cuentan los creyentes que San Pantaleón concede favores relacionados con la salud, no en vano el santo fue médico, y a él siguen encomendándose quienes padecen desde una simple jaqueca hasta males bastante más serios.

Lo curioso es que el fenómeno no ocurre en solitario. La ampolla mayor —la de Ravello, de donde salió en su día la porción madrileña— experimenta cada 27 de julio idéntica transformación.
La Iglesia, por lo demás, jamás se ha pronunciado oficialmente sobre el llamado «milagro de San Pantaleón», y no consta que la reliquia haya sido sometida jamás a un estudio de laboratorio independiente. De modo que la hipótesis de una sustancia tixotrópica, cuya viscosidad cambiaría con la agitación, se queda —a falta de ese estudio— en conjetura razonable y no en dictamen.
La ciencia, eso sí, no ha sido tan pasiva con reliquias parecidas. En 1991, los investigadores Luigi Garlaschelli, Sergio Della Sala y Franco Ramaccini demostraron en la revista Nature que un gel con las mismas propiedades tixotrópicas —capaz de pasar de sólido a líquido con solo agitarlo— podía obtenerse con cloruro férrico, carbonato cálcico y sal, materiales al alcance de cualquier taller ya en el siglo XIV; el experimento se hizo pensando en la sangre de San Genaro, en Nápoles, el caso más estudiado de este tipo de fenómenos y, pese a ello, tampoco reconocido oficialmente como milagro por la Iglesia.
Bibliografía y fuentes sobre San Pantaleón en Madrid
- Muñoz, Luis. Vida, y virtudes de la venerable M. Mariana de S. Ioseph, fundadora de la Recolección de monjas agustinas, priora del Real Convento de la Encarnación, 1645, p. 246. Biblioteca Digital Memoria de Madrid, Ayuntamiento de Madrid.
- Alfa y Omega. Crónica de la veneración de la sangre de San Pantaleón.
- Real González, Julio. «La licuefacción de la sangre de San Pantaleón en el Monasterio de la Encarnación». Publicado en Fotomadrid.
- Archivo Diocesano de Madrid. Información histórica sobre reliquias madrileñas.
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