Madrid a vista de niño fue, sin duda, uno de nuestros proyectos favoritos. La idea era sencilla: dedicar un número íntegramente a cómo ven Madrid los niños, sin filtros de adulto, sin correcciones. Los participantes fueron alumnos de quinto de primaria que se volcaron en el proyecto con unas ganas y una ilusión que contagiaban, y cuyos dibujos y trabajos nos alegraron muchísimo y nos sacaron más de una sonrisa.
La Gatera de la Villa 10
Junio, calor y La Gatera de la Villa 10, un número redondo para celebrar.
Germán García Tomás explica cómo la zarzuela dio nombre a una vía madrileña, que es una de esas historias menudas que dan más gusto que las grandes. Y Julio Real González y Mario Sánchez Cachero retratan a Isabel Gea, cuya obra sobre Madrid combina el rigor del estudioso con la amenidad del que de verdad quiere que le lean.
La Gatera de la Villa 9
La primavera asoma y nosotros presentamos La Gatera de la Villa 9, un número que, sin proponérselo demasiado, tiene mucho de arqueología: de sacar a la luz lo que estaba enterrado, tapado o simplemente olvidado.
María Isabel Gea nos cuenta lo que han aflorado las excavaciones en la plaza de la Armería: nada menos que retazos del Madrid islámico y cristiano que dormían bajo los adoquines a la espera de que alguien tuviera la paciencia de buscarlos. En la misma línea, Julio Real González, Mario Sánchez Cachero y Pablo Jesús Aguilera entrevistan a Jorge Morín, historiador y arqueólogo que conoce el subsuelo madrileño como pocos y que tiene mucho que contar sobre lo que la ciudad guarda sin saberlo. Paloma Torrijos Molina se ocupa de un personaje menos conocido de lo que merece: Alonso Gutiérrez, tesorero real que dejó su huella en las Descalzas Reales y en el convento de San Martín con esa discreción que suelen tener los que manejan el dinero ajeno. Y Elvira Rollón y Elvira Martínez Jiménez nos llevan al Museo del Romanticismo, que es un viaje al siglo XIX en todos los sentidos: en los objetos, en la luz y en cierta melancolía que se le pega a uno al salir.
La Gatera de la Villa 8
La Gatera de la Villa 8 llega por Navidad.
Diciembre otra vez, y con él el ya tradicional número navideño de la revista.
El editorial se llama «Felices Pascuas», que es un título que no engaña a nadie, y el contenido está a la altura de la promesa. Cristina Martín San Roque nos lleva a la Estación ferroviaria del Norte, ese edificio que los madrileños llaman del Norte aunque hace décadas que se llama de Príncipe Pío, y que tiene mucha más historia de la que sugiere su andén. Alfonso Martínez García rescata uno de esos episodios que parecen inventados: ¡Apaches en Madrid!, que no son los de las películas del Oeste sino una banda de malhechores parisinos que a principios del siglo XX tenía en vilo a media Europa y que, por lo visto, también asomó por aquí. María Isabel Gea Ortigas se ocupa de La casa del Pastor, un edificio singular cuya historia da para más de lo que su nombre modesto sugiere. Y Elvira Martínez Jiménez nos descubre el Museo Tiflológico, que es uno de esos lugares que uno no sabe que existen hasta que alguien te los señala con el dedo, y que resulta ser una joya escondida en pleno corazón de la ciudad.
La Gatera de la Villa 7
Octubre en Madrid y nuevo número de la revista, La Gatera de la Villa 7. Julio Real González nos descubre que el monasterio de Santo Domingo el Real guarda una Madona con una historia detrás que no figura en las guías turísticas y que merece figurar. María Isabel Gea Ortigas se ocupa del convento de la Merced, otra de esas instituciones que dejaron huella profunda en la ciudad y de las que hoy apenas queda el recuerdo del nombre en alguna calle. Mario Sánchez Cachero y Ángel Rollón retratan el Palacio de Comunicaciones, ese edificio de la plaza de Cibeles que los madrileños llamaron durante años «la catedral de Correos» con una mezcla de ironía y admiración que en el fondo era más admiración que ironía. Y Pablo Jesús Aguilera nos recuerda que Liszt estuvo en Madrid, que no es un dato menor: el pianista más famoso del siglo XIX pisó esta ciudad, actuó en ella y la dejó con la boca abierta, como tenía por costumbre hacer en todas partes.