Eran los humilladeros un lugar devoto situados a las entradas o salidas de los pueblos, villas o junto a los caminos, con una cruz o imagen, en los cuales se colocaba una columna rematada con una cruz con el fin de fomentar la piedad de los caminantes, peregrinos, viajantes o comerciantes.
Con el tiempo estos humilladeros sencillos se transformaron en pequeñas ermitas o iglesias, en donde “humillándose” se pedían favores o se daban las gracias por un negocio bien hecho o una gestión bien realizada.