Pocos nombres están tan ligados a la gastronomía madrileña como las rosquillas de la Tía Javiera.
«Yo soy caballeros, la propia Javiera
que allá en Villarejo no tiene rival
haciendo rosquillas en una caldera
que luego producen un buen capital.
Con grandes montones de pan machacado,
canela y azúcar, aceite y limón,
ceniza y arena, serrín tamizado,
castañas pilongas, potasa y cartón,
fabrico rosquillas que al más relamido
le saben á gloria, que es mucho saber,
y al cabo de un rato de haberlas comido
le causan disturbios por dentro del sér».
«La tía Javiera. Monólogo.» Extracto. Blanco y Negro, 12 de mayo de 1894.